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Sobre el café colombiano

¿Por qué en Colombia le dicen tinto al café?

Un español pide un tinto y le sirven vino. Un colombiano pide un tinto y le sirven café negro. Los dos tienen razón, y la explicación es la misma.

22 de septiembre de 20265 min de lecturaCafé Penitente

Pocas palabras son tan colombianas como «tinto». Se ofrece al que llega, se toma en la esquina, se pide en la oficina a las diez y a las tres, se vende en termo por la calle y se sirve en la finca antes de que salga el sol. Y sin embargo, cruzando cualquier frontera, nadie entiende qué es: en España es vino; en México, Argentina o Perú, nada. Solo en Colombia —y en algunos rincones vecinos— un tinto es una taza de café negro.

De dónde viene la palabra

La explicación más aceptada es la más simple: por el color. «Tinto» viene del latín tinctus, teñido, y en español siempre ha querido decir «de color oscuro, manchado de un color». Por eso el vino tinto se llama así: no porque sea rojo, sino porque está teñido, frente al vino blanco que no lo está.

Cuando el café se volvió bebida de todos los días en Colombia, a lo largo del siglo XIX, se lo llamó por lo que se veía en la taza: un líquido oscuro, teñido. Café tinto, por oposición al café con leche, que es claro. Con el tiempo el «café» sobró y quedó solo el adjetivo, como pasó con el vino. Hoy nadie dice «café tinto»; se dice tinto, y todo el mundo sabe que es café.

Hay una segunda explicación, menos probable pero simpática: que en las fondas del siglo XIX el café negro se servía en los mismos vasos que el vino tinto, y el nombre se pasó de una bebida a la otra. No hay documento que lo pruebe. La del color basta.

Desde cuándo se dice

La palabra aparece con este sentido en textos colombianos de finales del siglo XIX, justo cuando el café dejó de ser cultivo de exportación exclusivamente y empezó a tomarse en casa. Antes de eso, en Colombia se tomaba sobre todo chocolate. El café era para vender; el chocolate, para tomar. El tinto ganó esa batalla en un par de generaciones, y el chocolate quedó para el desayuno de domingo.

Ilustración: el medallón de Café Penitente con el título ¿Por qué le dicen tinto al café?
Tinto: teñido, oscuro. Lo mismo que el vino, por la misma razón.

El tintico

Ningún colombiano ofrece «un tinto». Ofrece «un tintico». El diminutivo no dice nada del tamaño de la taza: dice del afecto. Es la forma de decir «quédese un rato», «hablemos», «bienvenido». Rechazar un tintico es casi una ofensa; aceptarlo es aceptar la conversación que viene con él.

Y en la calle está el tintero: el vendedor con el termo y los vasitos, que en Bogotá, Cúcuta o Bucaramanga recorre las cuadras con la voz cantada —«tinto, tinto, tintico»— y sostiene, sin que nadie lo diga, la economía del café en el país: millones de tazas al día que nunca pasan por una cafetería.

La familia del tinto: perico, pintadito y compañía

El tinto es el café negro. A partir de ahí, cada región tiene su nombre para lo demás:

En Venezuela, del otro lado de la frontera de Salazar de las Palmas, el mismo café negro es un negrito o un guayoyo si va suave. En Ecuador no existe el tinto. La palabra es nuestra.

¿Con azúcar o sin azúcar?

Tradicionalmente, con. El tinto de termo suele venir endulzado de fábrica, y el de olleta con panela. Esa costumbre viene de una época en que el café que se tomaba en Colombia era el que no se podía exportar: el grano de segunda, el pasilla, tostado oscuro para disimular. Con ese café, el azúcar no era un gusto; era una necesidad.

Eso cambió. Hoy en Colombia se queda café bueno, y un tinto de especialidad bien preparado es dulce solo: caramelo, fruta, panela, según la variedad y la finca. Pruébelo la primera vez sin nada. Si después le pone azúcar, que sea porque quiere, no porque el café lo necesite. Aquí está cómo prepararlo en olleta, como se debe.

Cómo se pide un tinto

Corto y sin ceremonias. «Regáleme un tintico». Nadie regala nada —se paga— pero así se dice. Si lo quiere sin azúcar, dígalo antes de que lo sirvan, porque el termo suele traerlo dulce. Y si está en Salazar de las Palmas, pídalo de olleta. Es donde empezó todo.

En Café Penitente

Un tinto no tiene por qué ser café de segunda. Tres Penitencias es café de especialidad —85 puntos SCA— de Salazar de las Palmas, la cuna del café en Colombia, en tueste medio. El tinto de siempre, con el café que de verdad se merece.

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¿Un tintico?
Este sí lo vale.

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