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Lavado, honey y natural: qué le hacen al grano

Entre la cereza que se recoge y el grano verde que se vende hay unos días de trabajo. Lo que pase en esos días decide a qué va a saber el café.

31 de octubre de 20266 min de lecturaCafé Penitente

Un café no es una semilla seca que crece así. Es la pepa que está dentro de una fruta: la cereza de café, que tiene cáscara, pulpa dulce, una capa pegajosa llamada mucílago, una especie de cascarilla —el pergamino— y, adentro, el grano. Todo eso hay que quitarlo. Cómo se quite es lo que llamamos el proceso o el beneficio, y cambia la taza tanto como la variedad o la altura.

Lavado

Es el método que domina en Colombia y el que define el estilo de café que el país exportó durante un siglo. Funciona así: se despulpa la cereza el mismo día de la recolección, el grano queda con el mucílago pegado, se deja fermentar unas horas en tanque para que ese mucílago se desprenda, y después se lava con agua hasta que el grano queda limpio. Luego se seca.

A qué sabe: limpio, nítido, con acidez brillante y bien definida. Es el proceso que menos interfiere: lo que usted prueba es la variedad, el suelo y la altura, no el beneficio. Por eso es el favorito de los compradores que quieren consistencia y origen reconocible.

El riesgo: una fermentación que se pasa de horas mete sabores a vinagre o a fruta podrida. Es un proceso exigente con el reloj.

Natural

El más antiguo y el más simple de describir: no se despulpa nada. La cereza entera se pone a secar al sol, con toda su fruta encima, durante varias semanas. Solo cuando está completamente seca se trilla para sacar el grano.

A qué sabe: a fruta, y con fuerza. Notas de fruto rojo, de fruta madura, a veces casi a vino o a licor. Más cuerpo, más dulzor percibido y menos acidez que un lavado. Cuando sale bien es un café llamativo y memorable.

El riesgo: alto. La cereza entera secándose es materia orgánica húmeda durante semanas; si llueve, si no se voltea, si se amontona, se fermenta de más y aparecen sabores a podrido o a moho. Exige clima seco y mucha mano encima.

Medallón de la etiqueta de Café Penitente sobre fondo marfil con el título Lavado, honey y natural
El proceso decide cuánta fruta de la cereza se queda dentro del grano.

Honey

El punto intermedio. Se despulpa la cereza pero no se lava: el grano se pone a secar con el mucílago todavía pegado. Ese mucílago es dulce y viscoso —de ahí el nombre, que no tiene nada que ver con miel de abejas.

Según cuánto mucílago se deje y cuánta sombra reciba el secado, se habla de honey blanco, amarillo, rojo o negro: mientras más oscuro el nombre, más mucílago y más lento el secado, y más se acerca el perfil al de un natural.

A qué sabe: dulzor claro, cuerpo medio, acidez más suave que un lavado y algo de fruta sin llegar al carácter fermentado del natural. Para mucha gente es el más fácil de disfrutar.

Lado a lado

LavadoHoneyNatural
Qué se quitaPulpa y mucílagoSolo la pulpaNada antes de secar
AcidezAlta y limpiaMediaBaja
CuerpoLigero a medioMedioAlto
FrutaDiscretaPresenteProtagonista
PrevisibilidadAltaMediaBaja
Agua que usaMuchaPocaCasi ninguna

Por qué Colombia es un país de lavados

Por clima y por historia. Las zonas cafeteras colombianas tienen lluvia repartida en el año, y secar cerezas enteras al sol en esas condiciones es una apuesta arriesgada. El lavado, en cambio, acorta el secado y da un resultado parejo lote tras lote — justo lo que necesitaba un país que quería vender un producto confiable y reconocible.

Hoy hay fincas colombianas haciendo naturales y honeys muy buenos, casi siempre en lotes pequeños y como experimento de alto valor. Pero el grueso del país, y lo que define el sabor que el mundo asocia con Colombia, sigue siendo lavado.

¿Cuál es mejor?

Ninguno. Son decisiones distintas, no escalones de calidad. Un lavado excelente le gana a cualquier natural mediocre y al revés. Lo que sí vale la pena es saber qué está tomando: si una taza le parece demasiado frutal o «rara», puede que no sea el café, sino que usted prefiere los lavados — y eso es información útil para la próxima compra.

En Café Penitente

Tres Penitencias es un café lavado, como manda la tradición de Salazar de las Palmas. Es lo que le da la taza limpia donde se alcanzan a distinguir el caramelo, la vainilla y los frutos amarillos sin que el proceso se meta de por medio.

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Lavado, como
se hace en Salazar.

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